Revista de Direito do Trabalho - 02/2018

Sindicalismo Y Acción Sindical En El Siglo XXI: Crisis Económica Y Transformación Del Modelo Productivo - Estudos Estrangeiros

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Estudos Estrangeiros

Autores:

FERNANDO FITA ORTEGA

Departamento de Derecho del Trabajo, Universitat de València. - fernando.fita@uv.es

JOSÉ MARÍA GOERLICH PESET

Departamento de Derecho del Trabajo, Universitat de València - jose.m.goerlich@uv.es

Sumário:

Área do Direito: Trabalho

Resumen:

Tras constatar la debilidad de las organizaciones sindicales y su menor capacidad de movilización, el artículo analiza posibles factores explicativos. De un lado, considera el impacto que puede haber tenido la crisis económica. De otro, estudia los fenómenos relacionados con la transformación del modelo productivo (mundialización; descentralización; digitalización) y el impacto que están teniendo, y sobre todo, pueden desplegar en el futuro inmediato.

Resumo:

Com a debilidade das organizações sindicais e sua menor capacidade de mobilização, o artigo analisa possíveis fatores explicativos. De um Lado, considera o impacto que pode haver ocorrido com a crise econômica. De outro, estuda os fenômenos relacionados com a transformação do modelo produtivo (globalização; descentralização; digitalização) e o impacto que está tendo e, sobretudo, que pode se desdobrar em um furto imediato.

Palabra Clave: Sindicalismo - Crisis económica - Nuevos modelos productivos - Impactos

Palavra Chave: Sindicalismo - Crise econômica - Novos modelos produtivos - Impactos

1. Crisis y sindicalismo

El 1 sindicalismo y, en general, los derechos colectivos de los trabajadores atraviesan una etapa difícil como consecuencia del contexto en el que deben desenvolverse: la presión de la economía y la mundialización y la transformación del modelo productivo. Pero no existe sólo tensión con el contexto; ésta parece retroalimentarse continuamente con la crisis institucional que padece. De este modo, la crisis económica, junto con la crisis del modelo productivo y la del propio sindicato como organización, afectan enormemente a esta estructura representativa de los intereses de los trabajadores, así como a sus medios de acción.

Una primera manifestación de estas dificultades se encuentra, por supuesto, en la debilidad de la afiliación. Esta es una característica consolidada del sindicalismo español, que presenta unos bajos índices de afiliación. De acuerdo con las estadísticas de la OCDE ( http://stats.oecd.org/index.aspx?r=124295 ), nuestra tasa de afiliación se mueve por debajo del 16 % –lo que nos sitúa bastante por debajo de otros Estados miembros–. Es verdad que si atendemos a la densidad de la afiliación, resultante de la división del número total de trabajadores en activo entre los trabajadores en activo afiliados, advertimos una aproximación entre la española y la del conjunto de la OCDE. Pero la misma no resulta relevante. De un lado, porque la convergencia bien puede derivar de la disminución de población activa como consecuencia de la crisis económica; de otro, porque muestra una constante disminución de este índice en el conjunto de los países considerados, lo que implica que el fenómeno de la disminución de la presencia del sindicato no es patrimonio exclusivo de la experiencia española.

Las causas de la baja afiliación sindical española pueden ser de muy diversa índole. Algunas son estructurales entre las que destaca, seguramente, el carácter erga omnes de los convenios colectivos. En efecto, en la medida en que los convenios negociados por estos representantes van a desplegar su eficacia a todos los trabajadores incluidos en su ámbito de aplicación, con independencia de que estén afiliados o no a las organizaciones sindicales firmantes, la sindicalización se desincentiva a medida que crece su representatividad (BENEYTO, 2014: 16; CILLEROS, 2011: 35). Pero con toda probabilidad existen otros fenómenos que contribuyen a explicarla.

Por supuesto, la crisis económica y la transformación del sistema productivo han tenido notable incidencia en el sindicato, en sus medios de acción, así como en el nivel de sindicación. De una parte, la pérdida de importancia del sector industrial en favor del sector servicios incide sobre los porcentajes de afiliación sindical, toda vez que la presencia del sindicato es porcentualmente mayor en aquél sector que en este (BENEYTO, 2014: 2). De otra, siendo España un país en el que el desempleo es un problema que cabría calificar de estructural, los pocos servicios que los sindicatos ofrecen para los desempleados no los hacen interesantes para este colectivo de ciudadanos (ALÓS, 2015: 5). Por último, aunque no por ello menos importante, la inestabilidad en el empleo derivada de la crisis económica con el consecuente desfase entre oferta y demanda de mano de obra, no favorece la defensa (ni colectiva ni individual) de los intereses de los trabajadores. Los elevados niveles de temporalidad inciden, con toda probabilidad, de forma negativa en los niveles de afiliación sindical –aunque dicha repercusión se produzca de forma indirecta, al afectar a la antigüedad del trabajador en la empresa (CILLEROS, 2011: 36 ss.)–, toda vez que el menor grado de identificación con la empresa, así como el mayor temor a represalias encubiertas por el hecho de la sindicación (ALÓS, 2015: 2) afectan de manera considerable a los ya de por sí bajos niveles de afiliación sindical en España.

Por lo demás, estos fenómenos no sólo se proyectan sobre la consistencia organizativa de los sindicatos sino sobre su capacidad de movilización. En efecto, pese al impacto que sobre las condiciones sociales y de trabajo han tenido las reformas que se han ido introduciendo en estos años de la segunda década del siglo, el número de participantes en las movilizaciones colectivas ha ido descendiendo. Valga como ejemplo la evolución en los últimos años del número de participantes en huelgas y de las jornadas no trabajadas por esta razón de acuerdo con la Memoria del CES para 2016 –cuya fuente es la Estadística de Huelgas y Cierres patronales del MEYSS–.

2. ¿El sindicato en crisis?

El papel originario del sindicalismo se sitúa en la defensa colectiva y autónoma, ajena al poder estatal, de las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados. El sindicato aparece históricamente, pues, como un sindicato reivindicativo en un contexto de conflicto social, defendiendo los intereses de aquellos a los que representa: la clase trabajadora. Con el paso del tiempo y la búsqueda de fórmulas de coparticipación e implicación de los trabajadores en la gestión de la empresa, de una parte, y en la gestión de las políticas sociales, de otra, el objetivo reivindicativo del sindicato se resiente, haciéndose corresponsable en parte de las políticas sociales aun cuando estas hayan implicado recortes de derechos.

En efecto, el paso del sindicato de contrapoder a ente cogestor de las relaciones laborales, implicado en el mantenimiento de la paz social, ha deteriorado la imagen del sindicato, especialmente en épocas de crisis y de retroceso de los derechos sociales históricamente adquiridos (BAYLOS, 2012: 37). Así, en su papel de agente interlocutor del empresario en el seno de la empresa, al ser los representantes sindicales quienes negocian, en un contexto adverso, con el empresario materias tales como restructuraciones de plantilla, modificaciones de condiciones de trabajo, o los propios convenios colectivos, los trabajadores llegan a sentirse “traicionados” por el sindicato, que no ha sabido defender su puesto de trabajo o sus condiciones de trabajo.

Esa misma visión negativa del sindicato puede haberse derivado del papel de representante institucional en el ámbito supraempresarial, en la medida en que el sindicato ha asumido un papel de interlocutor social al más alto nivel, negociando reformas legales –en muchas ocasiones viéndose sometidas al chantaje de la amenaza de una reforma unilateral por parte del Gobierno en caso de no alcanzarse el debido consenso– y corresponsabilizándose en la eficiência de un sistema, el sindicato ha aceptado reformas con recortes laborales importantes.

En otro orden de cosas, la crisis del sindicato también deriva del vasto colectivo de sujetos cuyos intereses representa: trabajadores ocupados (con contrato indefinido y con contratos precarios), trabajadores desempleados, jubilados, autónomos, inmigrantes, etc. Estos intereses se encuentran muchas veces contrapuestos lo que puede, evidentemente, deteriorar la imagen del sindicato entre los mismos. Más aun cuando ese potencial conflicto se ha intentado avivar para criticar...

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3 de Dezembro de 2021
Disponível em: https://thomsonreuters.jusbrasil.com.br/doutrina/secao/1188258479/sindicalismo-y-accion-sindical-en-el-siglo-xxi-crisis-economica-y-transformacion-del-modelo-productivo-estudos-estrangeiros-revista-de-direito-do-trabalho-02-2018